Realizar el taller de Crónica Periodística ha sido una formidable experiencia.
De la mano de Rubén Darío Buitrón volví a nutrirme de lecturas profundas, de textos intensos, requisito indispensable para generar destrezas en la escritura, y como paso previo para afinar los sentidos, distraídos en lo apresurado y la vorágine de las redes sociales.
El día a día, la cotidianidad y lo imperceptible, se volvieron el escenario idóneo para proyectar las miradas profundas, y desde las mismas encontrar en los recovecos de lo simple y cotidiano: la belleza, la bondad, la paz; el lenguaje singular de cada ser humano en su individualidad, para luego plasmarlo en textos que requirieron el enérgico cincel, y la aguda visión del maestro, quien parafraseando a Truman Capote me recordó siempre la importancia del “látigo del rigor”.
Gracias, Rubén Darío, por esta experiencia, gracias a Los Cronistas por atreverse, en este escenario de inmediatez, a reinventar desde la crónica un periodismo de calidad.

María Rodríguez
Quito, 1 de febrero de 2017