Rubén Darío Buitrón.

LA PRIMICIA SIN ECO 

Pero Doña Reina nunca perdía. Jamás. O, al menos, hasta ese momento eso es lo que ella creía.

Mientras bebía el batido especial (una mezcla de suplementos vitamínicos especiales rejuvenecedores que ella traía cada seis meses de París) que Juvenal, su cocinero, le  preparaba todos los días y luego lo complementaba con un vaso de agua tibia antes de desayunar, admitió para sí misma que quizás cometió un error, que talvez aún no era el momento para lanzar la noticia, que posiblemente debió conversarlo antes con los dueños de los otros periódicos.

Pero, a pesar de la extraña situación, su vanidad y egolatría la mantenían con su clásico gesto triunfal: la ceja izquierda levantada, una especie de mueca disfrazada de sonrisa, la mirada con dirección a un punto inexistente.

No, ella no podía perder. Y ese titular del periódico tendría, necesariamente, que convertirse en realidad, como a lo largo de los años lo había conseguido gracias a su capacidad de presión y/o de persuasión.

El ritual era el mismo, siempre: primeras reuniones en el salón La Platea del periódico (banqueros, arzobispos, generales, asesores gubernamentales infiltrados), almuerzos en espacios reservados de restaurantes de comida francesa, sesiones más discretas y con menos personas en la mansión de la matrona y, finalmente, la decisión de que había llegado la hora.

Miró la bandeja de plaqué y dijo, como susurrando:

-¿Por qué esta vez tendría que ser distinto?

El desayuno relucía en la vajilla. La esperaban panecillos decorados con crema de vainilla, chocolates rellenos con praliné, trufas rebosadas en polvo de cacao fino, café colombiano pasado, una omelette, frutas tropicales picadas, yogurth griego y jugo de naranjas frescas saborizado con menta.

Volvió a leer el principal titular del periódico. Por un instante dudó: ¿podría La Mañana sostener lo que aseveraba allí, ahora que ella veía que ninguno de sus colegas citaba la supuesta información ni en las redes sociales ni en los portales web?

Tomó uno de sus tres celulares, el I-Phone 7, cubierto por un protector de cuero de Chanel, y llamó a Valeria.

– Buenos días, Valeria. Búscame este rato el teléfono del general Orellana. Apenas lo tengas lo llamas y le dices que necesito hablar con él esta misma mañana, que es urgente. Pero que me llame él a mí, no yo a él. Ya sabes.

Segundos después, en la gigantesca pantalla del televisor, aparecía, en vivo, el general José Antonio Orellana, comandante del Ejército, vestido con su uniforme A-1. ¿Por qué no estaba con traje de combate?

El reportero de La Mañana, para cumplir una orden de su editor, preguntó en vivo a Orellana sobre el titular del diario. Doña Reina tomó rápido el control y elevó el volumen.

-Es falso de  falsedad absoluta –dijo Orellana, con rostro inexpresivo-. Existe absoluta tranquilidad y unidad en las Fuerzas Armadas.

El velo de tul sobre el jardín se volvió más espeso. El sol, definitivamente, hoy no regaba de luz el jardín.

Doña Reina comió apresuradamente, eso sí, cuidando de no desperdiciar nada.

Timbró para que Juvenal viniera a recoger la bandeja. Le pidió que le trajera los otros periódicos. Rápido.

Volvió a tomar su I-Phone 7. Valeria, nerviosa, le respondió que aún no lograba contactarse con Orellana.

-Ya no es necesario –dijo de manera soberbia-.

Se quedó un momento en silencio y ordenó a Valeria convocar a una reunión urgente a todos los chicos a las 12:00. Que no me falte ninguno, especificó. Y dile a Isabel que ordene unos bocadillos suculentos. Hoy les daremos de comer bien para que no se queden y me obedezcan letra por letra. Deberán escucharme con mucha atención. Y tendrán que decirme cómo vamos a salir de este lío. Al fin y al cabo, ellos me convencieron de que pusiéramos ese titular.

-Como usted diga, Doña Reina-, alcanzó a decir Valeria mientras la matrona cerraba el teléfono.

Ese momento, Doña Reina volvió a percibirse como la poderosa mujer que seguiría manejando el país desde sus celulares, edredones y sus sábanas.

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Próxima semana: La noticia desesperada (capítulo VI)