2011, SECUESTRO EN EL BARCO RUSO

Por Fredy Solórzano *

Manta.- Durante cinco horas Letty permaneció secuestrada en un barco ruso que estaba en el puerto. No fue la única, 10 mujeres más estaban con ella.

Los rusos querían una noche de sexo y droga y localizaron a la persona correcta. El intermediario les consiguió la base de cocaína en La Poza y las mujeres en el Malecón.

A las 8 de la noche las encontró en las gradas del banco Guayaquil con sus vestidos ceñidos, perfumes penetrantes y los cabellos todavía húmedos del baño en casa. Todas veinteañeras.

Letty llegó una hora después al Malecón y fue contactada por el intermediario a quien conoce desde hace cuatro años.

Cruzó la vía y a un costado del Yacht Club se subió a una lancha con otro grupo para ir hasta el barco .

Ellas se frotaban las manos porque sabían que los extranjeros pagan bien los favores sexuales, de 50 hasta 100 dólares la hora.

Fue un viaje corto. En 7 minutos comenzaron a subir por las escaleras del barco. Esta historia ocurrió el viernes 24 de septiembre. Las prostitutas son de Manta, Portoviejo y Chone.

Letty y el resto de las chicas saludan con sonrisas coquetas, un beso en la mejilla y un hola. Suficiente. Ninguna entendía media palabra de ruso.

Una de las que llegó en el primer grupo estaba con el capitán en el camarote. Había whisky y cocaína, aunque Letty prefiere ver la droga desde lejos.

Apenas toma, porque “no hay cosa más fea que estar borracha y tirada en el piso. En este oficio hay que estar siempre alerta” dice.

A los 20 minutos, cuando el ambiente se animó y cada quien tenía a su pareja escogida, el capitán salió del camarote gritando en su idioma.

Uno de los tripulantes que balbuceaba algo de español sirvió de traductor. Se habían perdido 10 mil dólares y todas eran sospechosas, pero principalmente la que se encontraba con el capitán.

A la mujer la desnudan ante todos y le introducen los dedos en la vagina y el ano. No hallan el dinero. Chequearon las pertenencias de las otras mujeres y revisaron sus genitales.

El capitán sacó un revólver, apuntó a las mujeres y grita. Letty sospechaba lo que decía: pedía su dinero. Los 10 mil dólares.

Asustadas y llorosas decían no saber nada y suplican que no les hagan daño.

Algunos de los tripulantes piden a su jefe que se tranquilice, porque el viejo lobo de mar se transformó en un energúmeno.

Gritaba. No dejaba de gritar. Solo faltaba que bote espuma por la boca.

Una de las muchachas aprovechó un momento de descuido para llamar por celular a una hermana y decirle lo que pasaba en el barco y que avise a la capitanía del Puerto.

Los insultos no paran y el dinero no aparece. Ya era medianoche cuando llegó una lancha con dos marinos que subieron a la embarcación a preguntar qué ocurría.

Empezó la discusión con el capitán. El traductor hace de intermediario. Los marinos exigen que dejen ir a las mujeres. “Het, het, het” gritó el capitán. Tres veces no.

Los marinos se marchan con el rabo entre las piernas pese a que todas les piden que no las dejen allí .

Vuelven luego de 30 minutos con refuerzos y ya no en plan de amigos.

Los rusos se sacuden de la borrachera y dejan ir a las 11 mujeres.

El capitán prefiere no hablar. Ahora es una mansa paloma.

Las jóvenes indignadas quieren denunciar a los extranjeros. Los marinos les recomiendan que no lo hagan, porque ellos también serían sancionados por no detener a los rusos, armados y con droga a bordo.

Al final todo quedó en nada.

No hubo denuncia, ni reporte oficial, solo el testimonio de Letty.

Las mujeres aún se preguntan quién se llevó el dinero.

Tal vez la chica que estuvo con el capitán o uno de los tripulantes, o quizás fue solo un delirio del comandante ruso por pasar mucho tiempo en el mar.

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*Freddy Solórzano, periodista manabita, es el editor del exitoso periódico popular La Marea, de Manta.
freddysolorzano.blogspot.com