Por Manuel Castillo, periodista español

El otro día estuve en la mesa redonda en la Universidad de Málaga y pude comprobar la inquietud que os genera el abismo del mercado laboral.

Escuché palabras de angustia y también de indignación. También noté cierta complacencia, algunas excusas y, en general, poco conocimiento de lo que os vais a encontrar ahí afuera. Lógico.

Por eso, quizá metiéndome donde nadie me llama, me he animado a escribir lo que me gustaría que me contaran si estuviera ahora en vuestra situación.

Muchas de las cosas no os gustarán, no estaréis de acuerdo con ellas o, simplemente, os enfadarán. Que cada uno reacciones como considere más oportuno.

Edulcorar la realidad sería absurdo por mi parte y haría un flaco favor.

«Creo imprescindible estar listos para formaros, aprender, desaprender y, sobre todo, leer»

La cosa está muy jodida. Sí. Será difícil, aunque no imposible, que encontréis trabajo en los medios y empresas periodísticas tradicionales. Y el camino será generalmente largo, difícil y precario.

Os exigirá mucha ilusión, mucha perseverancia, mucha autoestima y, sobre todo, mucha resistencia frente a las decepciones.

Pero este panorama no es muy diferente al de otras profesiones y otros sectores que, como el periodismo, está atravesando una profunda reconversión.

Quizá los periodistas en medios tradicionales no vuelvan a gozar, en general, de la estabilidad y nivel salarial del final del siglo XX y principios del XXI.

Pero no todo está perdido. Ni mucho menos. Este panorama tan negro no puede ocultar las enormes posibilidades que hoy ofrece el mundo de la comunicación.

Lo que ocurre es que muchas de ellas, casi todas, están relacionadas con el entorno digital y audiovisual. Son tareas y profesiones que quizá desconocéis.

O que no os han enseñado.

Para ello creo imprescindible estar listos para la movilidad geográfica, para coger la maleta y acudir allá donde haya oportunidades; formarse, aprender, desaprender, mejorar y, sobre todo, leer. Leer mucho y a muchos.

Hoy hay que ser muy bueno en algo, aunque sea algo muy especializado, aunque te parezca una chorrada o muy friki; hay que diferenciarse, aportar singularidad y valor, y sobre todo tener una enorme e incansable capacidad de adaptación. Eso deBruce Lee y el agua. Y dosis de humildad.

Conozco colegas casi recién licenciados que han dado el salto a Estados Unidos, a Bruselas, a Londres, a Madrid. Hay una variada oferta de becas con las que ampliar vuestra formación.

Y tenéis que arriesgar, que apostar por lo que más os guste, por lo que os satisfaga, por lo que os llene personalmente. Y también conozco a jóvenes trabajando en Málaga.

Y todos ellos tienen en común su actitud, sus ganas de aprender, de perservar, dedisfrutar con lo que hacen; y también su valentía. Sin miedos.

«El proceso de becario es una oportunidad para aprender; nada más»

Sí, claro. Pero hay que vivir. Evidente, pero si creéis que el camino es acabar la carrera, hacer unas prácticas en tu ciudad y que luego os contrate un medio cerquita de casa y con un salario razonable estáis absolutamente equivocados. Lo siento.

El proceso es una oportunidad para aprender; nada más. Aquí, en periodismo, no existe el MIR.

Id a hacer prácticas para absorber cuanto podáis, a ampliar muestra agenda, a construir vuestro perfil y vuestro cv.

No sé cómo habéis llegado a la conclusión de que hacéis un favor a los medios en los que realizáis prácticas. Despertad.

El favor os lo hacen ellos; y encima el sistema os recompensa con una ayuda económica, pequeña eso sí (menor a la que recibían los becarios hace 25 años), que no un salario.

La recompensa de las becas es la oportunidad de aprender y no un contrato laboral o un sueldo en condiciones. Ojalá fuera así, pero no.

Abandonad la autocomplacencia. Sois la hostia de buenos, pero hay otros muchos que son la hostia de buenos también. Incluso mejores.

Dejad en casa los prejuicios y los resentimientos y salid a hacer periodismo de verdad.

Algunos de vosotros sólo hacéis criticar a los medios tradicionales, al sistema, a los periodistas… en vez de enfocar vuestro tiempo en el oficio. Aprovechad la experiencia de otros y no despreciad el autoempleo.

Al fin y al cabo, hoy, vosotros mismos y vuestro móvil sois un potente medio de comunicación.

Y no hace falta ser corresponsal de guerra (los que trabajan en peores condiciones hoy en día, a 30 euros la pieza en ocasiones), ni la estrella de la noche radiofónica.

Puedes hacer periodismo y comunicación en un pequeño pueblo, en cualquier ciudad, en empresas, en colectivos, en casa. Sabed que hoy la comunicación está presente en todas las empresas y si os gusta más el periodismo, apretaos las botas, agarrad la mochila y a escribir. Pero recuerda, tienes que ser bueno en lo que decidas hacer.

Salid de la arcadia feliz cuanto antes. La presión, esa de la que tanto habláis, es consustancial con el periodismo y nuestra misión como periodistas es no doblegarnos ante ella y mantener nuestros valores periodísticos y personales.

De verdad, no hay tanta manipulación ni conspiraciones en el periodismo como creéis. O como os cuentan. Hay buen y mal periodismo.

Podemos equivocarnos, cometer errores, hacerlo mal… pero en este país se hace buen periodismo muchas veces.

El primer mandamiento es poner todo en duda; así que pensad y no creáis todo lo que os dicen sobre vuestro oficio. O vuestra profesión. Ni todo lo bueno ni todo lo malo.

«Este oficio es cojonudo, pero enormemente exigente. Reiréis mucho. Y también lloraréis»

Hay más puestos de trabajo para periodismo comunicación en esta época que en cualquiera otra de la historia.

Hay más herramientas que nunca, más empleos por surgir y más necesidades que cubrir.

Están ahí esperando buenos profesionales. No pongáis límites a vuestras metas; y mucho menos a vuestros sueños.

Quizá os habéis preparado durante cuatro años para dar un paseo por playa y resulta que de lo que se trata es de sobrevivir en mitad de la de la Amazonia.

Este oficio es cojonudo, pero enormemente exigente. Requiere de vocación, esfuerzo, inteligencia, curiosidad, rebeldía, independencia, inconformismo, riesgo, autoconfianza y, sobre todo, ganas de contar historias.

Y mucha mucha resistencia. Reiréis mucho. Y también lloraréis. De emoción y de rabia.

Y sí, se puede vivir de ello. Y ser feliz. Muy feliz.

Ya lo decía San Agustín, cada uno es lo que ama.

Un colega.