Periodísticas emblemáticos de El Comercio, tres de los cuales acaban de dejar el Diario. En la foto, de derecha a izquierda, Víctor Vizuete, Marco Jurado, César Augusto Sosa, Arturo Torres y Pedro Daza.

Por Víctor Vizuete

Bueno, que vaina. Otra vez no puedo dormir.

Pero esta vez no es por culpa de la bendita portada de todos los sábados y de sus páginas adláteres, sino por el saudade, por esa multitud de recuerdos que se agolpa a las puertas de mi mente, quiere desbandarse por los ojos y aprieta el corazón.

¿La razón para tanto desbarajuste emocional?

Pues ayer, oficialmente, dejé de trabajar en el diario El Comercio y me acogí a la jubilación.

Tanta agua ha corrido desde el 1 de agosto de 1981, cuando temeroso y cauteloso cruce ese largo pasillo que comunicaba al mundo exterior con el universo gráfico e ingresara a la prensa como un ayudante más.

Fui prensista por cinco años, corrector de pruebas por un lapso parecido y comunicador social por el resto de décadas. Un día periodista. Toda la vida periodista.

Me adentré en ese fascinante mundo y ya no pude (o quise) salir de él.

Claro, para que ese vínculo se fuera haciendo cada día más sólido tuve la suerte -como Newton- de caminar en brazos de gigantes.

De maestros que me enseñaron el abc del periodismo honesto, equilibrado y justo y de compañeros que seguían el mismo derrotero.

De colegas y amigos de los que me cuesta tanto separarme porque forman parte de mis vivencias como los satélites de los planetas. Unas vivencias tan grandes como galaxias y que llevan adosadas una cola de anécdotas más larga que la de un cometa.

Conocí gentes y lugares. Estuve en una guerra y, al menos, dos terremotos. Hice una cobertura deportiva en Buenos Aires, Argentina, y gané algún premiecito por ahí.

Pero lo más importante -y a pesar de mi malgenio- fue que logré querer y hacerme querer de mis compañeros, tan quisquillosos y egocéntricos como todo comunicador que se enorgullece de serlo.

No creo que sea exageración pedirles que no me olviden rápidamente porque sé que, en cambio, vivirán en mi corazón hasta que este diga no va más.

Al diario El Comercio le doy gracias infinitas porque me ayudó a crecer y me dio para el pan y la cerveza.

Y me cobijó en la dicha y la tragedia, porque de todo he tenido y en abundancia.

A mis fuentes, gracias por el apoyo y por haber colaborado para que yo pudiera realizar un trabajo independiente y, pienso, de altos quilates.

¿Qué más? Pues abrir las otras puertas que tiene toda vida y sacarle el máximo provecho al tiempo que me queda.

Y pelearle cara a cara a esta diabetes que es, tal vez, la principal causa de mi retiro de esta institución a la que quise como amante compulsivo desde ese ya lejano 1 de agosto de 1981.

No me olviden.

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El portal Los Cronistas da la bienvenida, con enorme orgullo, a un gran ser humano y un gran periodista que entregó media vida al diario El Comercio. Ahora que acaba de jubilarse del periódico, él será parte de nuestro equipo y nuestros lectores disfrutarán de sus grandes historias. La publicación de este testimonio de Víctor Vizuete la hacemos como homenaje a su calidad humana y a su apasionante amor por la escritura.