Por Rubén Darío Buitrón.

Es una leyenda del fútbol mundial.
Es un hombre de espaldas, vestido con traje deportivo.
Lleva una camiseta verde. Mide un metro con 78 ctm. El cabello negro, muy negro y ensortijado, le cae hasta los hombros.
Coincidimos en uno de los ascensores del aeropuerto de Medellín.
Le pregunto si es el mismísimo René Higuita. “Sí, señor”, me dice con la tradicional amabilidad paisa: José René Higuita Zapata.
Y me extiende una de sus manos para saludar, las mismas manos con que hizo tanta historia en el fútbol mundial quien fue considerado entre los mejores arqueros del mundo.
El rostro moreno, con la piel curtida por el sol. Barba y bigote. Sonrisa amable.
Nacido el 27 de agosto de 1966 en una familia muy pobre en las barriadas populares de Medellín. Está casado con Magnolia y tiene cuatro hijos: Pamela, Cindy, Andrés y Wilfred.

Y aunque se hizo famoso en el planeta gracias a su extraordinaria personalidad en la cancha, aunque fue uno de los mejores guardametas del mundo, aunque no solo evitaba los goles bajo su portería sino que los hacía en arcos contrarios con extraordinarios tiros libres y penales, es un ser humano sin poses ni arrogancias.  Es humilde y modesto.
Retirado del fútbol activo, mantiene puesta la camiseta de su equipo de toda la vida, Nacional de Medellín, ahora como preparador de porteros.
En los entrenamientos con los arqueros jóvenes, mientras les enseña los secretos del oficio, aún hace su famosa y temeraria jugada del escorpión, que asombró al mundo en un partido Inglaterra vs. Colombia en el mítico estadio de Wembley, en Londres.
Cuando estaba por retirarse con una historia deportiva y personal brillante, tuvo que superar acusaciones graves del poder político y judicial. Pero nunca consiguieron doblegarlo, pese a que en su país la justicia, como en muchos otros de América Latina, funciona para quienes tienen el poder.
Antes de despedirse recuerda la época que jugó en Quito, en el Auquitas de mi corazón, en el 2004. Fue un ídolo. Su presencia llenó de espectáculo el estadio del sur, pobre y humilde como él.
Coincidimos de nuevo: Aucas es el equipo de los rostros puros de pueblo.