Víctor Vizuete Espinosa*

 Cuando le entrevisté -hace algo más de un año- para escribir su semblanza en el segmento Chulla Vida, del vespertino Últimas Noticias, don Medardo ya estaba en la última curva de su camino y su tren se acercaba raudamente a la parada final.

Ya no oía bien ni discernía. Hablaba solo lo indispensable.

Las páginas de su copiosa bitácora se iban borrando de su memoria sin remedio y su cansino paso llevaba amarrados todos sus largos años de glorias y fracasos.

Todo el sacrificio de haber concebido a más hijos que los miembros que componen una orquesta de primera categoría, como siempre fue la suya.

Solo sus ojos, llenos del fuego divino que enciende la música, y sus ya ajadas y sobreajetreadas manos, que aún se volvían magas cuando se posaban en un teclado o un acordeón, recordaban al maestro de la música que matizó la alegría del pueblo ecuatoriano por más de medio siglo.

Nacido el 17 de septiembre de 1937, en Loja, ciudad donde, como dicen, “el que no toca algún instrumento, canta o al menos recita”, Ángel Medardo Luzuriaga nació con el pentagrama musical incorporado a su helicoidal genética.

Y no hizo falta empujarle para que se asociara a seis compañeros suyos del colegio Bernardo Valdivieso -y se bauticen como Los Players- y conformara una orquesta de música popular bailable (cumbia andina) que haría vibrar al territorio nacional y más allá: México, España, Perú, Uruguay, Italia, Costa Rica, Colombia y Estados Unidos, país en el cual recibió un disco de oro por el conocido tema “Aguacerito”.

El 11 de noviembre de 1967, el ya institucionalizado Don Medardo y sus Players realizó su primera presentación en Quito -urbe a la que emigró para dar el salto definitivo- y ya no paró jamás, direccionado por Mauricio, uno de sus 12 hijos, al que se suman cuatro hermanos y cuatro Luzuriagas nietos, incluida Samantha, una de las cantantes del Don Medardo actual.

Tanto tiempo de andar como gitano en radio, televisión y escenarios de mil y un pueblos, a Medardo le nacieron muchos otros hijos: 102 para ser exactos.

Son 50 LPs en acetato y 52 CD en polivinilo. Y sus videos son muy vistos de youtube y los pinchan fanáticos de las generaciones beat o pop, así como millenials, hípsters y geeks.

Quien afirme que no ha bailado alguna vez con la música de Don Medardo no es ecuatoriano o es un caso para el diván de un siquiatra.

Polifácetico y optimista, Medardo Luzuriaga fue mucho más que director de sus famosos “players”.

Graduado en música clásica, fue miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional y fue profesor de música por más de tres decenios en colegios de la capital, en los cuales creó decenas de orquestas sinfónicas y grupos musicales.

Este martes 19 de junio de 2018, un fulminante paro cardíaco le quitó la batuta terrenal.

Su música seguirá alegrando festivales, peñas, matrimonios o bautizos, pero ya nunca podremos cantarle uno de sus himnos:

“Si se marchó/ sin un adiós/ que se vaya/ que se vaya/…