Por Catherine Peñafiel.

¿Has visitado un sex shop? La tímida respuesta de Verónica es no.

Yolanda, la más habladora, se queda en silencio.

Cinthya es un poco más suelta: yo, una vez, con un grupo. Compramos cualquier cosa y salimos enseguida. La vergüenza se apoderó del grupo. Ellas querían un baby doll para regalar a una amiga, futura novia.

¿Por qué se avergonzaron?

“En el local estaban dos chicos que nos veían y se reían de nosotras. Era la primera vez que visitábamos este local y ellos se reían”.

¿No pudieron ver ningún otro producto? No lograron, siquiera, preguntar nada.

No -contesta presurosa Cinthya, chica menudita que vive con su novio-. Nosotros queríamos salir pronto de allí y lo hicimos.

Eso tiene solución, dice Ángeles, la mujer que pregunta a las chicas sobre sus experiencias en sexshops. Ella tiene unos productos…

Acerca una maleta gris que lleva consigo, la abre y ante las mujeres aparecen consoladores, lubricantes, disfraces, vibradores, lencería, bolas vaginales…

Los ojos de Yolanda expresan su asombro, pero continúa callada. Verónica se decide a preguntar los precios. Cinthya ríe. Ángeles está familiarizada con esas reacciones.

Hablan de los costos de los productos, de cómo estos pueden despertar  pasiones, acerca de cuántas relaciones tienen cada semana con su pareja o con compañeros sexuales ocasionales.

En la maleta aparecen frasquitos de colores. Son lubricantes para el sexo oral. Verónica no lo practica, aunque su esposo lo desea. El olor del pene y de la vagina son las barreras.

Las sonrisas se vuelven carcajadas. Las mujeres hablan sobre las posiciones sexuales de las que más disfrutan: la vaquera, el 69, el misionero invertido, el perrito…

¿Cómo es el misionero invertido? La respuesta la da una de ellas: es cuando la mujer se coloca arriba del hombre, como si desde esa posición ella manejara el coito. ¿Y el 69? Es el sexo oral. Es hacerlo y que te hagan. Verónica insiste en que no le gusta.

Para todo hay solución, interviene Ángeles. Muestra un lubricante que tiene olor y sabor y permite disfrutar del sexo oral. Eso sí, siempre que lo desees, porque nadie te puede obligar a nada en la relación sexual.

Pero eso no siempre pasa. Yolanda, quien había reído un poco, mira hacia la ventana y obliga a las demás a guardar silencio.

Todas escuchan su historia. Su exmarido la obligaba a tener relaciones. Intenta controlar el tono de su voz, pero no lo logra. Su voz se quiebra y deja escapar unas lágrimas. Eso se llama violación. Y ella lo sabe. La primera vez que le pasó tenía 13 años, con un tío, así que cuando lo vivió con su exesposo hubo confusión, dolor e impotencia.

Presurosa, la anfitriona de la casa donde se reúnen prepara un té. No se le ocurrió que esa reunión, estilo tupperware, iba a terminar en una conversación tan íntima sobre el acoso, la agresión, el abuso sexual y la violación.

Una debió renunciar a su trabajo porque su exjefe le tocó los senos.

Otra narró que, una vez, al salir de la universidad, desde un vehículo un sujeto le pidió ayuda con una dirección. Cuando se acercó para ayudarlo vio que él se estaba masturbando.

Escucharlas y ejercer la sororidad son la única respuesta.

Experiencias difíciles que han marcado la vida de estas mujeres y han trazado un camino complejo.

Las tres hablan de una luz, una sonrisa, un abrazo que llega de sus iguales, de quienes han vivido experiencias similares.

Y, por todo esto, adelanta Ángeles, las mujeres debemos entender que la sexualidad y el goce están en nuestras manos y no en la de otros. No debemos ceder el poder en ningún área de nuestras vidas. Para eso yo tengo estos productos….

Aparecen los vibradores al fondo de la maleta. Hay de todo color, tamaño, grosor, modelo: anillos, lenguas, dedos, penes, unos se mueven, otros giran y uno gime.

Ángeles sabe que será difícil concretar alguna venta en ese momento.

La vergüenza y el tabú aún son muy poderosos.

Por eso, Ángeles les entrega sus tarjetas y comparte su número de teléfono sin ningún rubor: 0959682895.

Su Facebook es “El 69 de Afrodita” (https://bit.ly/2KwdJOt).

Ella guarda los productos en la maleta, se despide de las amigas y sale.

Aún no llega al vehículo cuando empiezan los sonidos que anuncian decenas de mensajes al teléfono de Ángeles.

Una quiere un vibrador, otra las bolas vaginales y otra un lubricante.

Pasan los días y Ángeles atiende más mensajes por whatsapp.

Entiende que sus amigas, como muchísimas mujeres, quisieran ser libres, pero en forma silenciosa.

Entiende que es como si se reprimieran ellas mismas, de sentir los placeres más intensos sin necesidad de que un hombre las maltrate, abuse de ellas o las viole.

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* Sororidad: relación de hermandad y solidaridad entre mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales para lograr la igualdad.