Por Alberto Bejarano*

Tengo miedo de verme convertido en un paquidermo.

De qué me serviría dejar de fumar y meterme a un gimnasio para tener las abdominales de Cristiano Ronaldo, si mi piel es
dura y grasosa.

Soy más parecido al otro Ronaldo, al primero, al “fenómeno”, al
brasileño Ronaldo Luís Nazario de Lima que nunca hacía abdominales, pero jugaba con más fantasía y picardía: pura samba.

Era un jugador de playa. Yo vi su último partido.

En Ibagué jugaban Corinthians vs Deportes Tolima.

La gente chiflaba a Ronaldo, le gritaban en coro desde la tribuna sur del estadio Manuel Murillo Toro (el de los
telégrafos):

– “Gordo, huevón, pijao es superior”
– “Gordo, huevón, pijao es superior”.

Seguramente Ronaldinho entendía bien lo de “gordo”, menos lo de “huevón”. Lo del pijao lo habrá dejado pensativo.

Apenas trotaba, en efecto estaba muy gordo, en efecto, pero tenía sus pinceladas, se le podía ver su jogo bonito cuando pisaba el balón, cuando hacía un pase de primera y, sobre todo, cuando hizo el último túnel de su carrera, “caño” que dicen los
argentinos (y en Ecuador, “por las galletas”).

Su último cabezazo salió desviado, su última bicicleta se quedó a medias, su último remate con el empeine derecho a media altura lo despejó el arquero al tiro de esquina y su último tiro libre casi sale del estadio.

En su cabeza driblaba aún sin balón.

Se veía su clase, pero sus rodillas no respondían.

Parecía un Harold Lloyd colgado del reloj.

El cachifo Medina sentenció la serie con un gol de cabeza sobre la línea para el Tolima en el minuto 78.

Al día siguiente, Ronaldo dio una rueda de prensa: “yo perdí contra mi cuerpo, porque yo también tengo que asumir algunas derrotas. Y tengo que pedir disculpas públicamente porque he fracasado en el proyecto de la Libertadores”.

Le faltó decir que se sentía como un paquidermo.

Su cuerpo se infló a lo largo de los años como un macarrón.

Volvió a su hábitat natural: a los paquidermos les gusta vivir en la playa.

No son animales de gimnasio.

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*Alberto Bejarano es colombiano, nacido en Cali. Escritor de páramos tropicales, de visiones nocturnas. Entre proemas, a lo Joao Guimaräes Rosa. Vive entre Belo Horizonte, Brasil y Cali, Colombia”. Investigador en literatura comparada del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá.