Por Víctor Vizuete E.

Martha Ormaza Bermeo fue una “mona” vital, dueña de una energía sin límites. Ni la aparición de un cáncer mermó su innato optimismo ni sus ganas de vivir.

Farrista, malcriada, lenguisuelta y pluma fina, la “Vitalina” del programa televisivo “Dejémonos de vainas” fue clara, directa y sincera, con una sola excepción: su edad, un secreto guardado bajo siete llaves aunque se podía deducir cuando afirmaba que Juana Guarderas -su colega y pana- aún estaba en el kínder cuando ella ya cursaba el colegio.

Ambas estudiaron en el plantel católico Los Pinos, de la capital.

Ella nació en el cantón Alausí, de Chimborazo, pero su ajetreado recorrido existencial lo inició en Quito desde los dos años viviendo en distintos lugares de la capital. Primero, en La Alameda; luego, en Miraflores; después, en la Wilson.

También hizo sus periplos sabáticos, como el que realizó de mochilera por toda Europa y cambió su forma de ver el mundo.

A su regreso dejó la oficina que había mantenido siete años en el Tribunal Constitucional (fue licenciada en Ciencias Públicas y Sociales por la Universidad Central) y escarbó en otros campos.

Pero fue la casualidad orientó su brújula hacia las artes escénicas.

Su jefa y suegra, Rosa María Salcedo, la llevó a que observara una práctica de la obra “Ojos vacíos de la gente”, que montaba el director y actor Raúl Guarderas.

Sin embargo, como esa noche no asistió una actriz, la subieron a la tarima como reemplazo.

Y resultó más crack que Messi para el fútbol.

Ese fue el inicio de una vertiginosa carrera en el teatro, el cine y la televisión…

Este extenso currículo incluyó “La Marujita se ha muerto con leucemia”, de Luis Miguel Campos y, tal vez, la más exitosa obra de teatro que se haya hecho en Ecuador, con más de 3.000 presentaciones.

En ella actuó junto a Juana Guarderas y Elena Torres, bajo la dirección de Guido Navarro.

Escribió 15 obras y mantuvo una muy comentada columna en la desaparecida revista Vanguardia.

En 2007 obtuvo el premio Francisco Tobar García por su pieza “El Olimbo” que, según sus propias palabras, era la trastienda del Olimpo.

¿Tareas pendientes que dejó?

Varias. Por ejemplo, el rescate de vivencias y personajes valiosos del Quito ancestral, ocultos por un velo de olvido, como Isabel de Santiago, hija del famoso pintor colonial y una de las pioneras en la cultura nacional. En eso andaba, entre otras cosas.

Hace pocas horas de este 22 de octubre de 2018, Vitalina perdió su lucha con el cáncer.

Se fue a llenar de arte un nuevo universo, al que quizás llenará con su risa contagiosa y la fortaleza de su optimismo.