El periodismo fue el primer amor del genial novelista colombiano Gabriel García Márquez y por eso hasta el final de sus días hablaba con “euforia” de lo que alguna vez definió como “el mejor oficio del mundo”, según dice el periodista estadounidense Jon Lee Anderson.

El periodista, biógrafo del Che Guevara y amigo personal de “Gabo”, es el autor del prólogo de “El escándalo del siglo” (Vintage Español), que acaba de presentarse en los Estados Unidos y contiene una selección de artículos que abarcan más de tres décadas de la carrera de García Márquez como periodista.

Anderson afirma que el autor de “Cien años de soledad“, ganador del Nobel de Literatura en 1982, empezó a trabajar en periódicos colombianos cuando era un “joven de mucho talento y brillo”.

“Aunque lo suyo era llegar a ser un buen cuentista (y lo fue), nunca dejó de tener amor y devoción por el periodismo”, dice Anderson, que es miembro del Consejo Rector de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada en 1995 por García Márquez como “una mafia (buena) de amigos”.

“Fue muy generoso con todos nosotros (los periodistas)”, asevera Anderson, quien destaca que de todas las personalidades de las que escribió perfiles para la revista The New Yorker, fue el que más tiempo le concedió.

Hasta “quiso congeniar su perfil conmigo”, señala.

En el prólogo de “El escándalo del siglo“, cuyos textos han sido seleccionados por Cristóbal Pera, editor y también amigo de “Gabo”, Anderson dice del Nobel colombiano: “El periodismo fue en cierto modo su primer amor y, como todos los primeros amores, el más duradero”.

En “El escándalo del siglo“, cuya versión en inglés, a cargo de la editorial Knopf, se publicará en 2019, se aprecia la evolución del periodista García Márquez desde sus inicios en la prensa regional colombiana hasta que en los años 80 escribió columnas para el diario español El País, pasando por su trabajo para el diario bogotano El Espectador.

“García Márquez dejó dicho que su formación en el periodismo fueron los cimientos de su ficción y el objetivo de esta antología es acercar a los lectores de su ficción una muestra de su labor en prensa y revistas”, señala Pera.

Anderson hace hincapié en el hecho de que incluso cuando logró la consagración como escritor, “paralelamente, y aunque esta faceta fuese mucho menos conocida por sus millones de lectores más allá de América Latina, Gabo siguió ejerciendo de periodista, y con un enfoque cada vez más políticamente comprometido”.

A su juicio, en el periodismo de García Márquez y en su literatura hay unos rasgos comunes.

El único libro verdaderamente periodístico de García Márquez fue “Noticias de un secuestro“, pero en su novela “El coronel no tiene quien le escriba“, como en otras de sus obras, la ficción “está muy documentada”, subraya Anderson.

“Era un escritor, pero siempre tuvo un pie en el mundo real”, agrega este periodista siempre interesado en América Latina, quien no tiene más que buenas palabras para el autor de “El amor en los tiempos del cólera” y subraya que tiene con él un “deber ineludible” para siempre.

Incluso la fascinación por el poder que se le atribuye a García Márquez, amigo personal de gobernantes como el cubano Fidel Castro, el estadounidense Bill Clinton o el español Felipe González, entre otros, él la ve desde “una óptica distinta”.

A juicio de Anderson, esa fascinación fue el reflejo de la realidad imperante en una época con hombres que concentraban “mucho poder y “esa cercanía con el poder él la usó para el bien”.

Gabo intentó una y otra vez mediar y resolver conflictos y antagonismos, agrega.

Aunque el oficio de novelista es solitario, le gustaba compartir el éxito y le gustaba estar con periodistas como “uno más”, no como “el inalcanzable”, “a ras de suelo”, recuerda.

“La primera vez que le llamé me dijo: Anderson, coño, te he estado buscando por mucho tiempo. ¿Cuando nos vemos?”, dice el autor de libros como “Guerrillas” (1992) y “Che Guevara: Una vida revolucionaria” (1997) y con artículos publicados en medios como The New York Times, Financial Times, The Guardian, El País, Time o Life.

Un ejemplo del interés por el periodismo del Nobel de Literatura es la compra de la revista Cambio, en 1998. Estaba “enamoradísimo” de ese proyecto (que no funcionó), llamaba a todas horas y “se aparecía a la hora del cierre” en la redacción.

Según Anderson, con la fundación que creó en 1995 y tiene sede en Cartagena, Gabo quería ayudar a que el periodismo en América Latina “fuera mejor”, que tuviera más rigor y a la vez “más garra e incidencia” en la sociedad, pero también pretendía “devolverle algo a los jóvenes de su mundo”.

_______________

Copyright © 2018, The San Diego Union-Tribune