Por Angélica Morales*

Son extrañas las cosas que encierra el mundo

dentro del vacío de una idea,

aquella puerta invisible

que cela el lamento de nuestros muertos,

manzanas donde el pecado de la mujer

sigue rodando hacia ninguna parte.

Es extraña la palabra amor

porque siempre lleva ocultas llaves que abren casas vacías,

niños que no regresan de la primera comunión de su sangre,

pianos que han olvidado la piel de su melodía.

Es extraño este silencio en la ciudad,

la tarde dormida sobre los huesos de un poema

que, de vez en cuando,

abre la boca para tragarse alambres

y alas de mariposa.

Es extraña esta fiebre que viene a mis ojos y me alza,

eleva mi espíritu más allá de las lámparas

y después se olvida de mi nombre

y de las cosas más lúgubres que guardo en un cajón.

Perdóname,

hoy estoy clásica.

Hoy estoy piedra del Parnaso,

sandalia que arde en el himno de una tragedia.

Hoy estoy Helena enloqueciendo en una playa

donde los hombres cantan y masturban

la avaricia de Dios.

Hoy estoy tumba

o abismo

pequeño insecto que acaba de nacer al ruido de la muerte.

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*Angélica Morales es española. Dramaturga, poeta y narradora. Su novela “Mujeres rotas” quedó finalista del premio Planeta 2017.

Ilustración de Marta Dahlig