Lihem Ben Sayel*

Estoy sentada frente a mi ventana adornada de luna y de estrellas tiritantes, que reflejan pura memoria.

Mis dedos están desgastados de jugar con la punta de mis cabellos.

Porque pienso, y pienso mucho, allí, apoyada contra el cristal opaco y misterioso.

Hago un esquema con mis olvidos y mis recuerdos. No me salen las cuentas. Renuncio a repetir la operación por falta de ganas. O de recursos. O de ambos.

Este día, en el que comienza el antepenúltimo mes del año, es un buen día para hacer recortes en el desorden de mis ideas, y enfocarme en las diferentes etapas que me saludan a la vuelta de la esquina.

¡Cómo puede cambiarte tanto la vida en un par de años!

Y, a diferencia de otras vidas, de pronto descubres caminos que no te veías transitando y que ahora miras con ojos de deseo y desbordante pasión.

Porque todos —incluso los más resistentes— tenemos límites en cuanto a las rutinas y las situaciones delirantes que nos provocan cierta repulsión contenida.

Creo que estoy llegando al mío.

Bienes y males ocurren donde sea, en cualquier lugar. Yo estoy dispuesta a afrontar tales cuestiones, pero, al menos, que se cambie el lugar.

Porque, a veces, la misma gente [los mismos discursos, las mismas mentiras, los mismos silencios, las mismas farsas] producen un exceso de fatiga recalcitrante y hosco.

Uno no puede vivir así.

Aunque, a decir verdad, no hay nada que me fatigue más que la cobardía y la equidistancia.

Eso —realmente— me molesta.

Personas que un día piensan algo, al otro día piensan otra cosa.

Un día opinan algo, y al otro día varían su opinión.

Nunca responden ante una situación crítica por temor [por temor a perder algo que poseen, sea material o moral o emocional.]

No estoy para estas cosas.

Necesito espacio. Respirar fuera del ambiente cargado y viciado, para aclarar mis ideas.

Cada vez hay menos personas genuinas con quienes hablar. Y esto ya me produce tristeza.

________________

*Lihem Ben Sayel

https://lihembensayel.wordpress.com/author/lihembensayel/