La Fundación José Saramago, que preside Pilar del Río, prepara la edición del material inédito del escritor portugués y un nuevo libro que recreará los días previos y la reacción al Nobel de Literatura.
Pilar del Río, viuda del escritor, con el cartel de Saramago de la Universidad Menéndez Pelayo.  (Bustamante)

“Vengo de leer una no novela, con un no argumento, unos no personajes y un no conflicto. Y es tremendo. Este tipo solo tiene que sentarse en la puerta de su casa a esperar el Nobel”.

El que hablaba era Francisco Umbral, la no novela era “Todos los nombres” y el “tipo” era José Saramago, que recibiría el máximo galardón de la literatura mundial apenas dos meses más tarde.

Esa es tan solo una de las anécdotas que atesora Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago y viuda del escritor.

Justo dos décadas después de aquel coloquio literario, la periodista ha vuelto a la capital cántabra para anticipar las celebraciones del Nobel, que comenzarán a partir del 8 de octubre de este mismo año.

“Los aniversarios y las efemérides son la mejor oportunidad para volver a reivindicar a Saramago y acercarlo a las nuevas generaciones”, dijo.

Además de la noticia de la publicación del sexto tomo inédito de Los Cuadernos de Lanzarote, que conocíamos a principios de julio, del Río aprovechó para anunciar un nuevo libro: el periodista brasileño Ricardo Viel, subdirector de la Fundación, ha reconstruido a modo de reportaje periodístico los días previos a la concesión del galardón y, sobre todo, los posteriores y la reacción de Saramago.

A través de los diarios personales del autor, notas y entrevistas con sus más allegados, un país levantado en alegría hablará también de la reconciliación que supuso el Nobel, tanto para la sociedad portuguesa consigo misma, como para el propio Saramago, alejado tímidamente de su tierra después de la polémica publicación de El evangelio según Jesucristo.

“Es bastante más fácil querer al abuelo agricultor que se pasa la vida abrazando árboles que al padre policía de la dictadura”, confiesa, consciente, Pilar del Río en su retrato de la personalidad de Saramago.

“No había enfrentamiento posible entre el José ciudadano y el escritor. Comprometidos somos todos, decía, unos con la política y otros con su cuenta corriente. Lo que más claro tenía es que nunca haría de la literatura un panfleto“.

Esa manera omnímoda de entender la literatura, en palabras de una de las personas que mejor lo pudo conocer, no es más que una concepción periodística de la escritura:

“El estilo de Saramago se asienta en la posibilidad y necesidad de expresar todas las voces y todos los puntos de vista. No es Dios omnisciente, es un periodista que tiene que contar desde varios puntos de vista para que el relato sea lo más verosímil posible“, afirma.

La que fuera traductora del portugués desde 1997 también reveló los aspectos más costumbristas de su relación personal: “La única vez que le discutí algo de sus libros, casi me retira la palabra“, comienza el relato irónica.

Y sigue: “Él estaba escribiendo una escena en la que se había ido la luz y se descubría un cadáver a oscuras. Al mismo tiempo, sonaba el contestador de la víctima, dejando escuchar su voz. Le dije que era imposible. O había luz o no sonaba el contestador, las dos cosas que él quería no eran compatibles. ¡Me hizo bajar los plomos para demostrárselo”.

Anécdotas aparte, el coloquio dirigido por del Río también contó con la presencia de Fernando Gómez Aguilera, escritor y uno de los mayores expertos en la figura de Saramago.

“Para él”, afirmó, “la literatura era como un foco para apuntar al aspecto de la sociedad que más interesante le pareciera en ese momento, pero no para centrarse en ello, sino en la sombra que proyectaría”.

La figura indiferenciada entre el autor de La Caverna y el hombre de a pie, que él mismo definió como la de “buscador de penumbras”, terminó de centrar el encuentro:

“Saramago no era ese personaje férreo que se puede interpretar en sus primeros trabajos ni el más laxo del final, nunca fue un autor previsible, estático u ortodoxo, porque su autenticidad estaba en todos los libros“.

Veinte años después de aquel verano del 98, ya no están aquí ni Umbral, ni Saramago y ni siquiera se entregará el Nobel.

Veinte años después, Coimbra acogerá en octubre el I Congreso internacional que estudia la figura del autor portugués, se publicarán dos nuevos libros y, “con suerte”, como dice del Río, volveremos a hablar de Saramago.

(Tomado de diario El Mundo, de Madrid)