Por Angélica Morales*

A León Felipe

Dices: “Más sencilla, más sencilla,

que todo se ahogue en el silencio,

que no vengan las llagas a ensuciar lo limpio,

que el cielo siga siendo solo cielo,

la distancia del prójimo sobre el corazón del pan,

un prado donde las mujeres bordan la madrugada y le dan de mamar al sueño”.

Y yo rompo los huesos del tiempo

y esparzo el polvo de una rosa a tus pies.

Yo, que conozco la guerra del hombre en la espalda de su animal,

la ambición de las piedras cuando el alba

derrama su sangre sobre lo pequeño

(hablo de un hogar donde tiemblan los retratos,

hablo de la infancia suave que se termina,

hablo de lluvia lamiendo el alcohol de una esperanza).

Pero insistes: “Más sencilla, más sencilla”,

como si el pecado necesitara la seda de un labio babilónico,

necesitara el rincón con sus arañas magníficas,

necesitara el tambor para anunciar su delirio.

Y yo busco,

remuevo la tierra con mis dientes,

peino el recuerdo de mis muertos,

clavo una cruz sobre el vacío

y bebo en el aire

el sudor desnudo de tu nombre.

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*Angélica Morales, española residente en su país, es colaboradora permanente de loscronistas.org

https://angelicamorales.wordpress.com/