Por Viviana Garcés*
El lunes 2 de julio de este año, hace apenas más de un mes, ingresa un grupo de estudiantes de un colegio público en la Península de Santa Elena a los servicios sanitarios de la institución a la que pertenecen.
Lo que vieron fue estremecedor: un feto entre los basureros.
Estaba cubierto con servilletas, contaron las sorprendidas y aterrorizadas niñas.
Apenas lo vieron fueron donde sus autoridades.
La noticia corrió por el recinto de estudios, por la zona y luego por la provincia.
Agentes de Criminalística visitaron el área para recabar información y llevarse el pequeño cuerpo de unas ocho semanas, desamparado en el lugar.
Las redes sociales locales reventaron:
1. ¡Qué triste!
2. ¡Cómo dicen que no quieren tener hijos y se abren de piernas.
3. ¡Qué barbaridad!
4. En la lista de útiles escolares deberían poner condones para evitar tantas cosas que suceden, ¡qué horror!
Un sinnúmero de comentarios se visualizaron en la página oficial de Facebook, del “Súper”, un diario “familiar”, en su sección Península.
Se desconoce el origen del embrión.
¿Perteneció a una alumna o a alguna mujer que decidió dejarlo allí?
La Dirección Nacional de Policía Especializada para niños, niñas y adolescentes (Dinapen) sigue indagando el suceso, pero los comentarios en redes sociales continuaron, cada vez más virulentos y mordaces.
Ninguna de las personas que opinó, algunas de ellas con violencia e ironía, llegó al plantel a indagar, a preguntar, a investigar.
Ninguna de esas personas se interesó en conocer por qué ocurrió.
Ninguna de esas personas averiguó si quien abandonó allí el feto era una adolescente o una chica de mayor edad.
Nadie conoce su edad.
Nadie sabe en qué situación física o psicológicamente se encuentra.
Nadie puede asegurar las medidas policiales, judiciales y administrativas que vayan a tomarse.
Nadie puede tener la certeza de que ese tipo de sucesos no volverán a repetirse.
Pero muchos satanizaron a los padres de familia por dejar en libertad a sus hijas, como si supieran qué sucedió, cómo se produjo el embarazo.
Pero muchos condenaron a la familia de la chica o la mujer por dejarla, presuntamente, disfrutar de un supuesto libertinaje.
El sábado 28 de julio, a las 10:00, se convoca en el tradicional parque Centenario de Guayaquil a la segunda marcha anual a favor de la familia.
1. “Dios creó a Adán y Eva y no a Adán y Esteban”.
2. “Sobre sexo y moral, los educo yo”.
Los comentarios se referían al linchamiento en redes sociales por la interrupción del embarazo.
¿Quiénes llegan a la concentración y a la marcha? ¿Las manos hostigadoras? ¿Los “provida”, que en sus discursos proclaman su deseo de mantener un núcleo familiar estable?
Sin embargo, entre 2014 y 2017, se han registrado 882 casos de violencia y delitos sexuales, informados por el Ministerio de Educación a la prensa.
“Con mis hijos no te metas”, dicen los provida.
Pero no toman en cuenta -o lo ignoran a propósito- a las niñas y adolescentes violadas y abusadas por familiares, amigos de la casa, profesores o algún depravado.
Es la hoguera bárbara del siglo XXI.
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*Viviana Garcés, escritora y periodista ecuatoriana, es integrante activa del grupo loscronistas.org