Por Toño Fraguas

Ni futbolista, ni astronauta: periodista. “No recuerdo haber querido ser otra cosa”, cuenta Ignacio Escolar cuando se le pregunta por el origen de su vocación.

Aquel niño fascinado por el oficio quería crecer en una redacción levantando exclusivas políticas.

Ni siquiera deseaba ser corresponsal de guerra, como tantos otros, sino director de periódico. Director, como su padre, el también periodista Arsenio Escolar.

“De niño escuchaba sus historias sobre este mundo y me quedaba con los ojos muy abiertos”.

Ignacio (Nacho para los amigos) logró muy joven cumplir su sueño de infancia, y lo hizo por duplicado. Pero no se durmió en los laureles.

Antes de los 40 años ya había fundado y dirigido dos cabeceras: Público y eldiario.es. La segunda de ellas es un sueño en marcha; un proyecto de vida cuya materialización está sentando las bases de un nuevo modelo empresarial de periodismo en español: “Una de mis obsesiones es construir una institución que me sobreviva. Dejar un legado de periodismo independiente y fuerte”, afirma.

Nació en Burgos, en diciembre de 1975, un mes después de la muerte del dictador Francisco Franco, cuya tiranía había durado cuatro largas décadas.

En ese periodo, sobre todo durante la Guerra Civil y las primeras décadas de la dictadura, España había perdido el tren del progreso y sufrido un enorme empobrecimiento intelectual, también en el ámbito periodístico.

Nacho vino al mundo con la democracia, casi de su mano. Una democracia rudimentaria, conseguida por la generación de sus padres con sangre, sudor y lágrimas.

En la normalización y consolidación de los nuevos usos democráticos, los medios de comunicación estaban llamados a desempeñar un papel esencial.

Este es uno de los pilares que explican el compromiso de Escolar: “Si un país tiene instituciones periodísticas fuertes, ese país siempre es mejor: con menos abuso de poder, menos impunidad, con una sociedad más culta. El impacto que tiene un medio de comunicación en una sociedad es inmenso. Y creo que el impacto de eldiario.es debería llegar a todo el ámbito hispanohablante”.

Siempre hay quienes quieren dar la misión por acabada, satisfechos con unos estándares democráticos muy mejorables.

Sin embargo, Nacho considera el esfuerzo por modernizar la sociedad como una tarea inacabable, que no debía terminar en la generación de sus padres. También entendió que su manera de contribuir a esa modernización iba a ser el periodismo.

A pesar de la crisis financiera internacional, a pesar de la crisis de modelo periodístico, de la crisis publicitaria, del desprestigio de la prensa. A pesar, también, de los intereses del poder.

A pesar de todo, Nacho considera que el ejercicio del periodismo, sin adornos, basta para salir a flote y crecer:

Creo en la clásica definición liberal del periodismo, la del siglo XIX. Un periodismo independiente, que controla a los poderes, que los fiscaliza, que tiene el suficiente poder para vigilar a los demás, pero no tanto como para abusar de él. Además, estoy bastante obsesionado con el hecho de que lo que está pasando en la prensa en los últimos años con la crisis del papel, la llegada de internet y los modelos de pago, nos conducen a todos hacia eso. Porque no se puede conseguir que la gente pague por mal periodismo. La crisis de la publicidad y la llegada de Internet están originando mejor periodismo: un modelo empresarial donde el futuro depende de hacer bien las cosas, de ser capaces de convencer a la gente de que nuestro trabajo vale para algo”.

Más de 30.000 socios convencidos hacen hoy viable a eldiario.es, un medio influyente que está jugando un papel decisivo en la nueva democratización de España.

Un medio enfocado en la vigilancia del poder, el feminismo, los derechos humanos y el medio ambiente, pero cuyo máximo valor es la verdad.

Por eso, Escolar traza una línea nítida entre el activismo y el periodismo:

“El periodismo hace bien las cosas cuando pone la verdad por delante. Los buenos valores nunca sufren con la verdad. Aunque a corto plazo la verdad pueda parecer un problema, a largo plazo siempre gana. Y si la pones por detrás de un valor determinado, a la larga estás sacrificando la más importante que es la dignidad y la capacidad de transformación que tiene tu trabajo”.

Esa fuerza transformadora del periodismo se ve potenciada por Internet.

La red no es enemiga de la información de calidad, sino su aliada.

Esto, que todavía a algunos les cuesta entender, es algo que supo ver Nacho hace décadas.

Él detectó los beneficios de la tecnología no solo para el periodismo, sino para la vida misma.

Tecnófilo convencido, fue pionero a la hora de integrar en su vida cotidiana la filosofía originaria de Internet: descubrir, conversar y, sobre todo, compartir.

Ignacio, en el ecosistema internet

Antes de ser un periodista reconocido, fue un internauta influyente y un músico con cierta trayectoria.

Saltó a la palestra, al debate público, con un artículo titulado ‘Por favor, ¡pirateen mis canciones!’.

Corría el año 2002 y comenzaba a ganar fuerza la controversia, todavía vigente, sobre la propiedad intelectual, el ‘copyleft’ y el futuro de las industrias de contenidos.

Nacho se convirtió entonces en uno de los activistas más destacados en favor de nuevos modelos de negocio que supiesen canalizar la creatividad y el conocimiento en el nuevo ecosistema de Internet.

“En aquel momento parecía una buena idea” es el lema que, desde 2003, encabeza Escolar.net, el blog de Nacho: su primera tribuna pública, el lugar desde el que empezó a darse a conocer.

Esta frase que refleja bien su actitud ante la vida: asumir riesgos.

Sus artículos,

y los comentarios de los lectores a esos artículos convirtieron aquella humilde bitácora en un foro político de referencia.

Allí se ejercitó en la tarea de exponerse, encajar críticas y armar argumentos.

Hoy es un líder de opinión no solo en su blog, que todavía mantiene, también en televisión y radio.

Comentarista seguido y respetado, expone sus ideas intentando mantener una integridad y una cortesía que no siempre recibe a cambio por parte de sus contertulios.

En paralelo a su creciente influencia en lo que entonces llamábamos ‘la blogósfera’, llevaba ya un puñado de años (desde mediados de la década de los noventa) abriéndose camino profesionalmente como periodista.

Colaboró en cabeceras reputadas, entre otras, El MundoCinco DíasMuy InteresanteRolling StoneGeo Quo, y comenzó a divulgar información sobre Internet tanto en la web de Informativos Telecinco, de la que fue coordinador, como en esa misma cadena de televisión, en el espacio El Navegante.

En aquellos años, librándose de la etiqueta de periodista tecnológico o de mero bloguero político, publica una serie de reportajes sobre el narcotráfico en México, lo que le vale sus primeras amenazas de muerte.

Las últimas las recibió hace solamente unos meses, cuando eldiario.es sacó a la luz conversaciones de un foro de policías locales de Madrid en las que se alababa a Hitler y se deseaba la muerte de la alcaldesa de la ciudad.

Nunca terminó la carrera de periodismo, lo que demuestra una vez más que, si hay talento y humildad para escuchar, en este oficio se puede alcanzar la excelencia leyendo y observando el trabajo de los mejores.

Quizá no acabó la carrera porque, en realidad, Nacho Escolar es más que un periodista.

Es escritor, ensayista, consultor de medios y empresario, pero, sobre todo, es una persona que siempre actúa movida por la máxima de la colaboración.

Es un excelente formador y motivador de equipos (su entusiasmo y optimismo son legendarios).

Además, entiende las redacciones como organismos vivos en los que todos sus componentes son esenciales, lo que le convierte en un compañero cercano y accesible.

Reportero por convicción

No existe ninguna etapa del arte de fabricar un periódico que no conozca: desde las fases previas, de consultoría, concepción y diseño (en Latinoamérica ha asesorado la creación de varias cabeceras, la última México.com), pasando por el plan de negocio, la gestión empresarial y las fases de producción y desarrollo tecnológico.

Es socio fundador de Bitban, una consultora de tecnología y diseño para medios de comunicación en Internet que nació en 2009 y de la que su hermano Héctor Escolar es director técnico.

Entre las numerosas webs que funcionan con el gestor de contenidos de dicha consultora están Lance y A Crítica, en Brasil; Clarín y Olé, en Argentina; Adevarul y Click, en Rumanía; Prensa Libre, en Guatemala; La Prensa en Panamá o Ara, eldiario.es, El Español y Telecinco en España.

Pero sigue siendo un periodista.

Tiene un asiento en la redacción, rodeado de compañeros.

Raramente utiliza su despacho, siempre abierto para reuniones e incluso para aquellos que, a última hora de la tarde, quieren ver un partido de fútbol sin molestar al cierre del periódico.

Nacho es un director atípico: recela de las plantas nobles y los suelos enmoquetados.

Todavía encuentra noticias, pulsa a las fuentes, consigue documentos, se sienta a escribir con el resto y comparte.

Sobre todo, comparte intuiciones, confidencias, preocupaciones, enfoques.

Incluso sus textos de opinión están siempre abiertos a un comentario previo que será tenido o no en cuenta, pero que será escuchado, aunque la observación provenga de un redactor en prácticas que apenas lleve unos días en el periódico.

El caso Cifuentes, las tarjetas black, los Papeles de la Castellana, el caso de Fundescam… son solo algunas de las grandes exclusivas que Nacho y su equipo han ido sacado a la luz durante todos estos años.

Informaciones elaboradas siguiendo siempre los principios básicos del periodismo clásico: contrastando con las fuentes, cruzando datos, atando hasta el último cabo suelto para no errar.

Este ejercicio de control del poder ha llevado a Nacho, como a tantos otros compañers de profesión, ante los tribunales.

Poco importan las críticas, presiones o amenazas que reciba, ni el coste personal que eso le suponga.

Aunque esté preocupado y a veces sólo quiera refugiarse en su música y en su familia, sus risas seguirán escuchándose en la redacción.

Nacho conoce la fórmula para salir adelante: ejercer el periodismo, a pesar de todo. Tengan por seguro que en estos laureles tampoco se dormirá.