Por Angélica Morales*

Seremos nosotras

mujeres bellas de horizonte pálido

y pestañas postizas,

devoradoras de capas de estiércol

y cebolla,

prostitutas a ratos,

cuando el día se tuerce

y no hay dónde comer,

dónde amarrar la golondrina que nos vive adentro,

en el pecho quinto,

en la tostada chamuscada de la mañana,

en el hotelito con moqueta verde plagada de colillas

y hombres tiburón.

Seremos nosotras cantos de Ítaca

y tortilla de patata fina,

labio pensil durante las noches de tormenta,

un surco que va y viene en el muslo de un muchacho

que llora y se amamanta con bombillas led y mantequilla.

Seremos nosotras divinas,

arqueológicas,

gargantas sutiles por donde pasan coches

y borrachos

y lámparas de cristal tuberculoso.

Seremos nosotras ágiles en el veneno,

prestas al amor por horas,

limpias de sangre,

con el espíritu ido hacia los cuchillos de un parque

donde los cisnes tosen

y hay una anciano haciendo surf sobre la hojarasca.

Seremos nosotras

eternamente hermosas dentro de las bolsas de basura,

descuartizadas con mucha ternura por un novio

que tenia la cabeza rapada al cero y un piercing en el glande,

sin música en el corazón,

con el alma lejos de los poemas y del color rosa de una novela.

Seremos nosotras amantísimas esposas,

gobernadoras civiles,

vegetarianas,

porteadoras,

taxistas,

alcohólicas,

premios nobel pidiendo una moneda

cerca de aquel árbol que se comió el rayo.

Seremos nosotras tan bellas

dentro de la oscuridad o el golpe,

acostumbradas al rugido eléctrico de una lavadora

dentro del vientre,

a darle de comer a los gatos bocanadas de viento y pis.

Seremos nosotras grandes,

recordadas,

llevadas al mármol,

regadas dentro de un florero puesto en pie en las grandes capitales.

Seremos nosotras pervertidas,

acróbatas,

estudiantes,

pitonisas,

el sonido del mar dentro de una cafetera.

Estaremos

y sin embargo no habrá nada que indique

que un día fuimos,

que tuvimos aliento,

pechos,

un sexo acogedor,

un pensamiento fabuloso,

el sueño dentro de la niebla,

la niebla dentro del humo de una casa,

en el humo perros y un día amarillo

y la ceniza de otra parecida a nosotras

que nunca supo cómo se llamaba,

en qué lugar estaba Ítaca,

por qué el mar se asusta

y muestra su espalda cuando una mujer corre a abrazarlo

y pellizca sus capítulos más tristes

y quiere saber a qué hora se baña la muerte en su pecho,

por qué los marineros siempre bailan

en el filo de una fotografía que está rota

y no conserva la luz.

Seremos nosotras la nostalgia de la palabra belleza,

el serrín de la mentira,

un beso dentro de la lluvia que se hace gorda en los telediarios.

Seremos nosotras balcón,

cornisa,

pájaro abarrotado de silencio,

grito que se sumerge en la almohada y después eructa,

cuando sale el sol,

cuando la sangre del aire se queda pegada en las ventanas

y arde la palabra

y una novia de metal bruñido danza

sobre la herida de su fe

y las hormigas aúllan

como queriendo romper la fiebre de un reloj

y alguien llama a la puerta,

te tiende la mano y te deja helada.

La indiferencia seremos nosotras,

lo que no se ve

o ha perdido el ritmo de su postura,

lo que nace hermoso y se sepulta,

el jardín aquel donde las flores surgen de noche

y llegan balas y botas de soldado

para acabar con la maravilla de su color,

para cortar de cuajo el ansia,

la perla abstracta que crece sola,

lo salvaje de ser mujer.

Seremos nosotras

la nada en movimiento,

acaso una pelota rodando cuesta abajo

que alguien vendrá a golpear un domingo,

mientras un hombre abre la boca

y confiesa un crimen,

mientras un niño abre la boca

y se traga a Dios.

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*Angélica Morales, novelista y poeta española, integra el equipo de loscronistas.org Es autora de la novela “Mujeres rotas”, finalista del premio Planeta 2017

Blog: https://angelicamorales.wordpress.com/