Por Angélica Morales*

Escribir para ganar dinero,

para salir en las revistas literarias

posando de frente,

con el semblante serio,

con la mano apoyada en la barbilla

para transmitir seguridad al lector.

El lector

sucio

al otro lado de mis páginas,

con amigdalitis,

con fiebre áspera

dentro de las manos.

El lector

fornicando al lado de mi fotografía,

mirando de reojo mi currículum

premio, premio, premio…

El lector

borracho,

regresando a casa

después de la fiesta

de graduación de su hijo.

Su hijo muerto sin que él lo sepa,

dentro de la bañera de un hotel.

El lector

impasible,

pelando gambas

en un bar del puerto de Barcelona,

pensando en cómo pasar

las horas dentro del invierno,

en cómo pagar los recibos de la luz.

El lector

que no entiende de premios,

que no sabe por qué las musas

tienen una cabellera de bosque en llamas

y llegan borrachas

y con el vestido sucio

y con los pechos mordidos

y con la poesía rota

entre los dedos de sus pies.

Los pies de las musas

como patas de rinoceronte.

Escribir para conseguir favores,

publicaciones,

un aplauso rápido

en el supermercado.

Y el lector

lejos,

en la cola del paro,

en la cola del pan,

en la barra de un puti club

donde la poesía

se llama Casilda

y hace el griego.

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*Angélica Morales, española, pertenece al equipo internacional de loscronistas.org

Es novelista, poeta y dramaturga.

https://angelicamorales.wordpress.com